sábado, 26 de marzo de 2011

♠ FRANZ KAFKA Y EL NUEVO ABOGADO (Análisis de la obra)

Enviado por Realidades y ficciones-Argentina





EL NUEVO ABOGADO [1]
de Franz Kafka


Tenemos un nuevo abogado, el doctor Bucéfalo. Poco hay en su aspecto que recuerde la época en que era el caballo de batalla de Alejandro de Macedonia. Sin embargo, quien está al tanto de esa circunstancia, algo nota. Y hace poco pude ver en la entrada a un simple ordenanza que lo contemplaba con admiración, con la mirada profesional del aficionado a las carreras de caballos, mientras el doctor Bucéfalo, alzando gallardamente los muslos y haciendo resonar el mármol con sus pasos, ascendía escalón por escalón la escalinata.

En general, la Magistratura aprueba la admisión de Bucéfalo. Con asombrosa perspicacia dicen que dada la organización actual de la sociedad, Bucéfalo se encuentra en una posición un tanto difícil y que en consecuencia y considerando además su importancia dentro de la historia universal, merece por lo menos ser recibido. Hoy –nadie podrá negarlo– no hay ningún Alejandro Magno. Hay muchos que saben matar, tampoco escasea la pericia necesaria para asesinar a un amigo de un lanzazo a través de la mesa del festín; y para muchos Macedonia es demasiado reducida y maldicen en consecuencia a Filipo, el padre; pero nadie, nadie puede abrirse paso hasta la India. Aún en sus días las puertas de la India estaban fuera de todo alcance, aunque su camino fue señalado por la espada del rey. Hoy dichas puertas están en otra parte, más lejos, más alto; nadie muestra el camino; muchos llevan espadas, pero sólo para blandirlas, y la mirada que las sigue sólo consigue confundirse.
Por eso, quizás, lo mejor sea hacer lo que Bucéfalo ha hecho, sumergirse en la lectura de libros de derecho. Libre, sin que los muslos del jinete opriman sus flancos, a la tranquila luz de la lámpara, lejos del estruendo de las batallas de Alejandro, lee y relee las páginas de nuestros antiguos textos.


ANÁLISIS DE “EL NUEVO ABOGADO” DE KAFKA
por Héctor Zabala ©


La obra –entiendo– es de una ironía cruda, que parte de una idea descabellada pero genial: Bucéfalo, sin Alejandro Magno ni otro caudillo militar que esté a su altura, carece de un empleo digno de sus méritos y sólo le queda leer y releer libros de derecho.

Es decir, un caballo de guerra –reencarnado en un hombre moderno– no tiene otra opción que moderar su espíritu belicoso y ocupar su tiempo en un burocrático empleo de oficina. Y paradójicamente, los máximos responsables judiciales lo aceptan, no por su idoneidad en la interpretación y manejo de las leyes sino porque entienden que merece una oportunidad de progreso por haber sido un factor castrense fundamental en la historia humana.

El cinismo que encierra esto es notable: quien ayer fuera famoso por coadyuvar a imponer la fuerza bruta en todo el mundo, hoy termina como un ignoto leguleyo dedicado a la aplicación civilizada del derecho.

Por supuesto, el narrador no nos dice expresamente que el doctor Bucéfalo sea la reencarnación de su tocayo, pero es obvio que lo sugiere al aseverar que ciertas actitudes y algunos detalles de su cuerpo delatan ese origen a un ojo experto en caballos.


Hay quienes llegan a ver esta narración como autorreferencial, pues Kafka en su vida hacía algo equivalente: trabajaba como asesor legal en seguros [2], cosa que suponía un freno mal aceptado por él mismo a su hiperactividad literaria (que recordaría a la de un caballo desbocado) y que constituía su verdadera pasión y razón de ser.

Pero más allá de este detalle anecdótico, el narrador incluye en este cuento varios hechos o alegorías de la vida del rey y general macedonio:


• “…para muchos Macedonia es demasiado reducida y maldicen en consecuencia a Filipo, el padre…” Esto debe tomarse como una alegoría. Macedonia representa aquí a los estados europeos que se disputaban la hegemonía en tiempos de Kafka, pero que eran incompetentes para sojuzgarse unos a otros de manera categórica y definitiva. Esta maldición a Filipo sería por envidia; envidia de no poder realizar las grandes conquistas de aquel rey [3] o la de anteriores reyes europeos. Frente a lo hecho por Filipo, los logros fronterizos de los monarcas de fines del siglo XIX resultaban de una mezquindad patética.

• “…tampoco escasea la pericia necesaria para asesinar a un amigo de un lanzazo a través de la mesa del festín”. Estando ambos ya muy borrachos, Alejandro Magno mató de esta forma en Samarcanda a su amigo Clito, apodado el Negro, en el año 328 a JC, si bien después se lo recriminaría a sí mismo hasta el punto de intentar suicidarse. La discusión nació cuando Clito le achacó que Filipo de Macedonia, padre de Alejandro, había sido mejor rey y general. [4]

• “Aún en sus días las puertas de la India estaban fuera de todo alcance…” En efecto, después de una campaña relámpago de ocho años en la que conquista los territorios de Asia Menor, Siria, Egipto, Mesopotamia, Persia y parte del Asia central, Alejandro logra invadir el valle del Indo derrotando a varias tribus locales y finalmente al rey Poro en 326 a. JC. Pero luego de esa última batalla del río Hidaspes, se ve obligado a replegarse y a evacuar la India por la fuerte posición de nuevos enemigos allende el Ganges y la rebelión de su propia tropa, desesperada al verse día a día más y más lejos de sus bases.

• El narrador descubre también cierta confusión, contradicción y hasta fanfarronería en los reyes europeos de su tiempo: “Hoy dichas puertas están en otra parte, más lejos, más alto; nadie muestra el camino…” Es obvio que usa la alegoría de las puertas del Punjab (India) para referirse a un dominio absoluto y casi mundial que rivalizara con el que en su tiempo tuvo Alejandro de Macedonia, inalcanzable para cualquier líder político o militar de fines del siglo XIX o principios del XX, por más bravucones y entorchados que aparecieran ante la gente común (“…muchos llevan espadas, pero sólo para blandirlas…”).

Si bien fue publicado años más tarde como parte del libro Un médico rural [5], este cuento fue escrito en el invierno europeo de 1916-1917, es decir en plena Primera Guerra Mundial, y no cabe duda la alusión a esta calamidad bélica cuando, otra vez en tono sarcástico, Kafka nos dice “[hoy]… hay muchos que saben matar…”

[1] En alemán Der neue Advokat.
[2] Kafka se doctoró en derecho en 1906, pero tuvo siempre la idea de alejarse de Praga, de sus padres y de toda obligación que le limitara escribir. Hay varias cartas que lo afirman. Una de 1912 quizá nos sirva de resumen: “Praga no me suelta. Es una madrecita con garras”. En 1907 fue contratado por la compañía Assicurazioni Generali y en agosto de 1908 ingresará en el Instituto de Seguros de Accidentes de Trabajo del Reino de Bohemia, puesto en el que permanecerá hasta su jubilación anticipada en 1922. Dos años más tarde moriría de tuberculosis pulmonar.
[3] Si bien Alejandro Magno fue quien conquistó Asia, su padre Filipo II había sido quien organizara al ejército macedónico para ese fin, proyectara el plan general de campaña y sometiera entretanto las importantes ciudades de Grecia central y meridional (Atenas, Esparta, etc.). Estos preparativos echaron los fundamentos para las futuras campañas de su hijo, cosa que sabía todo el mundo. De ahí que este legado de Filipo implicó un tormento para la autoestima y prestigio de Alejandro, quien a menudo renegaba de la memoria de su padre.
[4] La hostilidad de Alejandro Magno hacia su padre fue proverbial. Ningún macedonio desconocía la anécdota del banquete de bodas de Filipo II con Eurídice, sobrina del general Átalo, en el que se había bebido demasiado, como siempre: ante una insinuación que ponía en peligro su herencia al trono, Alejandro le había tirado una copa por la cabeza a Átalo, insulto que Filipo intentó reprimir con espada en mano. Pero cuando el rey pierde pie y cae al suelo por la borrachera, la cáustica respuesta de Alejandro no se hizo esperar: “Miren [señalando a su padre], quiere ir de Europa al Asia y ni siquiera es capaz de pasar de una mesa a la otra”.

Franz Kafka
Quizá sea casualidad, pero esta lucha padre-hijo (por momentos soterrada, por momentos abierta), se reeditaría también en la familia de Kafka. Se sabe que Franz Kafka tuvo una relación bastante tormentosa con su padre Hermann, un exitoso comerciante de Praga pero al parecer bastante despótico con su familia (leer Carta al padre). También es conocida la desaprobación del padre hacia su actividad literaria, por considerarla una pérdida de tiempo.
[5] En alemán Ein Landarzt.






Franz Kafka.
Nació el 3/7/1883 en Praga, Imperio Austro-Húngaro (hoy República Checa) y murió el 3/6/1924 en Kierling (muy cerca de Viena), Austria.
Sobre este autor, puede leerse más en REVISTA SESAM Nº 80
http://www.sesamweb.com.ar/


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