PUEBLO CONTRA
PUEBLO, INDIVIDUO CONTRA INDIVIDUO: HEGEMONÍA, MANIPULACIÓN Y GUERRA
PSICOLÓGICA.
LA CONDUCTA HUMANA
por Carlos Villacorta Valles
carlosvillacortavalles@gmail.com
Jueves 5 de
febrero de 2026
LA CONDUCTA HUMANA
La conducta humana, esa coreografía cotidiana de gestos,
deseos y silencios, no es un misterio biológico aislado, sino una construcción histórica, psicológica y
cultural: pero ¿Por qué somos
indiferentes, individualistas, “competitivos” y por qué hemos colocado el
dinero por encima de la vida humana? La respuesta está en el tipo de sistema
que vivimos, actualmente el capitalismo.
Así, la conducta humana no puede comprenderse únicamente
como resultado de elecciones individuales o rasgos psicológicos aislados. Por
el contrario, se encuentra profundamente condicionada por las estructuras
sociales, económicas y culturales en las que los sujetos se desarrollan. En el
contexto del capitalismo, se observa una tendencia creciente hacia el
individualismo, la indiferencia social y la mercantilización de las relaciones
humanas, fenómenos que impactan negativamente en la cohesión social y en la
construcción de proyectos colectivos.
LA BASE DE NUESTRA CONDUCTA: TRABAJO,
ALIENACIÓN Y MIEDO
La conducta humana tiene como base la estructura
socioeconómico social, en la época actual el capitalismo, no puede separarse de
estas condiciones materiales de existencia. No pensamos primero y luego
vivimos; vivimos de cierto modo y luego
pensamos en consecuencia.
En Manuscritos económico-filosóficos de 1844, Marx
afirma: “El trabajador se siente en sí mismo solamente fuera del trabajo, y en
el trabajo fuera de sí.”
(Marx, Manuscritos económico-filosóficos, Alianza Editorial, 2005, p.
111)
Aquí aparece la alienación:
el ser humano se separa de su trabajo, de su producto, de los otros y de sí
mismo. Psicológicamente, esta fractura genera apatía, resentimiento y
competencia. Culturalmente, normaliza la idea de que vivir es sobrevivir.
Esta alienación no solo tiene consecuencias económicas,
sino también psicológicas y sociales: promueve la competencia, debilita la
solidaridad y naturaliza la desigualdad como parte del orden social. Desde esta
perspectiva, la primacía del dinero sobre las relaciones humanas no es una
desviación moral individual, sino una consecuencia lógica de un sistema que
convierte todo en mercancía, incluyendo la fuerza de trabajo y,
progresivamente, la vida misma.
El miedo, a no tener, a no valer, a caer, se convierte en
el motor silencioso de la conducta. Así, el dinero deja de ser medio y pasa a
ser fin. No se ama al dinero: se teme a
su ausencia.
EL SISTEMA COMO PEDAGOGÍA INVISIBLE: FOUCAULT Y LA
DOMESTICACIÓN
Michel Foucault mostró que el poder moderno no opera
principalmente por represión, sino por normalización.
No castiga tanto para enseñarnos cómo comportarse.
En Vigilar y castigar, escribe: “El poder produce
realidad; produce dominios de objetos y rituales de verdad.” (Foucault, Vigilar
y castigar, Siglo XXI, 2009, p. 194)
La escuela, la fábrica, la cárcel, el hospital, los
medios: todos funcionan como dispositivos
pedagógicos del sistema. Aprendemos solo a competir, a ser
individualistas, a no evaluarnos, a obedecer sin que nos lo pidan. Se nos enseña
desde que nacemos.
La conducta individualista no es un defecto moral: es un resultado político. El sistema
necesita sujetos aislados, porque un sujeto aislado no cuestiona la estructura,
solo se culpa a sí mismo. El sistema logra reproducirse sin necesidad de
violencia constante; nos lleva a adaptarnos “voluntariamente” a estructuras que
nos perjudican.
TENER O SER: LA PSICOLOGÍA DEL EGOÍSMO
Erich Fromm profundizó el daño psicológico de una
sociedad centrada en la posesión. En Tener o ser, advierte: “La
orientación hacia el tener produce egoísmo, envidia y hostilidad, mientras que
la orientación hacia el ser fomenta la solidaridad y el amor.” (Fromm, Tener
o ser, Fondo de Cultura Económica, 2007, p. 87)
El sistema no solo explota el cuerpo: modela el carácter. Personas que miden
su valor por el dinero y, terminan viendo a los otros como obstáculos o
instrumentos. La indiferencia no es frialdad natural; es autodefensa emocional en un mundo que
convierte todo en mercancía, incluso las relaciones. Esta lógica refuerza la
indiferencia social y debilita los lazos comunitarios, generando individuos
aislados que, paradójicamente, dependen cada vez más del sistema que los
aliena.
PUEBLO CONTRA PUEBLO, INDIVIDUO
CONTRA INDIVIDUO: HEGEMONÍA, MANIPULACIÓN Y GUERRA PSICOLÓGICA
Para que el sistema funcione, el conflicto debe
desplazarse. No debe ser vertical (pueblo-poder), sino horizontal
(pueblo-pueblo), persona contra persona.
Aquí entran los aparatos
ideológicos y de inteligencia. La CIA, históricamente, ha operado como brazo político del sistema imperial,
financiando golpes de Estado, manipulando elecciones y promoviendo divisiones
internas. No gobierna: administra el
caos útil.
El resultado es una población fragmentada, discutiendo
identidades mientras el capital permanece intacto. El sistema, como una mafia
moderna, no necesita consenso ético: solo control operativo.
EDUCACIÓN O DOMESTICACIÓN: FREIRE Y LA
CONCIENCIA CRÍTICA
Paulo Freire denunció que la educación reproduce esta
lógica. En Pedagogía del oprimido, señala: “La educación bancaria
anestesia la conciencia y mantiene la contradicción opresor-oprimido.” (Freire,
Pedagogía del oprimido, Siglo XXI, 2011, p. 72)
Cuando educar es solo adaptar, la conducta nunca cambia.
La verdadera educación es concientización,
es decir, la capacidad de leer el mundo críticamente y actuar colectivamente.
Sin esta pedagogía liberadora, el sistema se perpetúa
incluso sin violencia explícita. El oprimido termina defendiendo al opresor
porque no imagina otra realidad posible.
Según Freire, una educación que no problematiza la
realidad social contribuye a la domesticación de los sujetos, adaptándolos a un
sistema opresivo en lugar de capacitarlos para transformarlo.
CAUSA PRINCIPAL
La causa es estructural; cuyo centro es lo privado, el
efecto es existencial. Vivimos hiperconectados y profundamente solos.
Competimos donde deberíamos cooperar. Desconfiamos donde deberíamos
organizarnos. El individualismo, vendido como libertad, produce aislamiento; el
aislamiento produce miedo; el miedo produce obediencia. El sistema necesita el
miedo y consumidores cansados para
mantenerse.
¿QUÉ HACEMOS, ENTONCES?
Luchar por un
sistema mejor, amar lo colectivo como ruptura histórica. La transformación comienza en la
conducta, pero no termina allí. Desindividualizarse
es un acto político. Amar lo colectivo no es romanticismo: es supervivencia
ética.
Recuperar la comunidad, el pensamiento crítico, la
educación emancipadora y la solidaridad cotidiana es sabotear al sistema desde
su punto más débil: la conciencia.
Tal vez el acto más revolucionario hoy sea simple y
radical: volver a mirarnos como pueblo.
La superación del individualismo no puede darse de manera
aislada, sino como un proceso colectivo orientado a la dignidad, la justicia
social y la humanización de las relaciones sociales.
Referencias
Foucault, M. (2009). Vigilar y castigar: nacimiento de la prisión
(2.ª ed.). Siglo XXI Editores.
Freire, P. (2011). Pedagogía del oprimido (30.ª ed.). Siglo XXI
Editores.
Fromm, E. (2007). Tener o ser. Fondo de Cultura Económica.
Marx, K. (2005). Manuscritos económico-filosóficos de 1844. Alianza Editorial.
