lunes, 3 de enero de 2011

♠ LA PINTURA COMO MURAL PARA REFLEXIONAR

Jóvenes artistas pintan en las calles de Huanta escenas sobre la violencia interna y rinden homenaje a la perseverancia de hombres y mujeres que buscan justicia.

A Rosa Pallqui le habían contado que quien ingresaba al estadio Municipal de Huanta salía muerto, o quizá no salía nunca. Por eso, el 3 de agosto de 1984 presentó en la Fiscalía de Ayacucho una denuncia por el delito de secuestro, pues un día antes su esposo, el periodista Jaime Ayala, entró en ese recinto deportivo convertido por la Marina en un centro clandestino de detención y tortura, y no se volvió a tener noticias de él.
MURALISTAS

El equipo de artistas que han pintados estos murales en las calles de Huanta está integrado por Olfer Leonardo, Patricia Lucho, Gilberto Rimachi, Vangoh Leonardo, Jhony Caballa y Nelly Fernández.

Más de 26 años después, Rosa Pallqui regresó a ese estadio en compañía de un grupo de jóvenes artistas con el objetivo de inmortalizar el recuerdo de su desaparecido esposo. Los suaves trazos del aerógrafo del artista visual Olfer Leonardo revivieron en un mural a Jaime Ayala junto a su inseparable máquina de escribir. El hombre de prensa está ahí, sentado y planeando cómo iniciar otro de esos textos condenuncias sobre violaciones de derechos humanos que lo convirtieron en enemigo del poder criminal.

Unos escolares huantinos pasan frente a la pintura. “Es Ayala, el periodista asesinado. La ubicación del mural en este muro del estadio es de importancia simbólica debido a que según testimonios este fue el lugar donde lo vieron ingresar por última vez”, explican los pequeños a unos visitantes. El artista Leonardo dice sentirse contento porque su pintura ha educado, formado conciencia y rescatado la memoria de la población joven de Ayacucho, un departamento fuertemente golpeado por las huestes de Sendero Luminoso y guerra sucia de las tropas de las fuerzas del orden. Algunos meses antes de la inauguración de este mural de Ayala, los escolares huantinos participaron en el entierro de los restos de 92 campesinos de Putis.

En esta localidad ayacuchana el equipo de muralistas, integrado por artistas egresados de la Escuela de Bellas Artes del Perú, también ha realizado pinturas como parte de las reparaciones simbólicas para los deudos de las víctimas del genocidio ocurrido en diciembre de 1984, que fue perpetrado por miembros del Ejército.

En un espacio de dieciocho metros cuadrados los artistas han plasmado escenas de los hechos ocurridos. La obra expone en el horizonte los gigantescos cerros de la puna ayacuchana y la puerta de ingreso a la selva en variedades del color verde. En primer plano, una campesina se yergue reflexiva, encarnando la búsqueda de verdad; ella como madre, esposa, hermana e hija es partícipe de la escena donde las fuerzasmilitares apuntan con armas a los comuneros y los obligan a cavar una piscigranja donde luego fueron ejecutados y enterrados. Otra de las escenas principales es aquella en que los familiares denuncian la existencia de las fosas que por más de veinte años esperaron para ser exhumadas. También están los escolares que llevan en hombros los cajones blancos que contienen los restos de las víctimas que por fin tuvieron un entierro digno. Un camino de flores que parte desde la caravana fúnebre se desenlaza en una niña y un anciano, que representan el futuro y el pasado. 

“Hemos vivido durante tres años en Huanta con el objetivo de conocer la realidad del pueblo y conocer su historia. Coordinando con la Municipalidad Provincial de Huanta logramos pintar este mural en el Estadio de Huanta, y otros en diversos lugares del pueblo. Existe en nosotros la necesidad de contar los hechos y buscar la reconciliación que las comunidades necesitan. Queremos aportar al esclarecimiento y solución de los problemas derivados del conflicto interno así como contribuir a una futura reconciliación entre las comunidades y así ir tejiendo una sociedad justa donde todos contemos la historia a nuestras futuras generaciones”, señala Olfer Leonardo, director de ese grupo de muralistas.

La reacción de la población en la elaboración de los murales fue increíble, las personas participaron de manera activa contando los hechos y también otros recuerdos de cómo eran las torturas en el estadio y los asesinatos. Ahora en ese estadio se practica deporte, pero permanece la necesidad de contar que ese lugar fue un campo de reclusión clandestino.

Existen más murales en diversos lugares de Huanta que muestran imágenes para reflexionar. El mural denominado “La Búsqueda”, por ejemplo, nos muestra a una mujer que simboliza a las hijas, madres, esposas y hermanas que aún buscan a sus seres queridos desaparecidos durante la época de la violencia interna. Esta mujer lleva en sus manos un papel con el nombre escrito de un familiar, señal de la perseverancia. En otro dibujo, llamado “Interrogatorio”, uno puede observar la imagen de un joven que es torturado con las manos atadas en la espalda y el cuerpo semidesnudo sobre el piso. En otra imagen titulada “memoria” encontramos el rostro de una mujer iluminado con la luz de tres velas encendidas. Detrás de ella una rosa irradia una luz roja que tiñe a un grupo de personas desaparecidas y militares.

Además, el mural llamado “Mamá Esperanza” es un homenaje a quienes sufren problemas derivados de la violencia. Una anciana vestida mira fijamente al público, mientras sus compañeras portan una banderola con una inscripción: “Labrando el tiempo cosecharemos la verdad; construiremos reconciliación para la paz de nuestros seres”. Su lucha es diaria y comprende el trajín mismo de vivir dignamente.


Redacción
La Primera

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