GERMINACIÓN CHANCA
El silencio se hizo hombre
el hombre una esperanza
la esperanza un suspiro maravilloso
de los años primavera
sol de ilusiones
e imán social de fresca rebeldía.
Éramos cinco sueños
germinados
entre cocos y palmeras
en la profundidad
del tiempo
entre realidades
y quimeras
de tanto trigo
ausente
de tantas necesidades
volcánicas
de tanto llanto
coronado
de tantas inquietudes
acribilladas.
Éramos cinco
moviendo el infierno
Como un puñado
inmenso
de glóbulos rojos
Recorriendo los ojos
desnudos
como fogatas
juveniles
Convocando libertad
estelar
y
el espíritu aguerrido
de los Chancas.
Por un mejor vivir.
DÉCADA DEL 70
ABRAZANDO LA UNIVERSIDAD
San Martín y Tarapoto
eran playas desoladas, cataratas
de ignorancia sin fuego universitario.
Faltaba la historia
de mil voces tumultuosas
amasando la memoria sinfónica
en un engranaje de trinos estudiantiles.
Abrazando universidad.
Sólo La Escuela Normal
Mixta “Virgen Dolorosa”
desbordaba cánticos debiluchos
de sonrisas esquivas de jóvenes magisterios de papel
de semillas de futuro desahuciado
de mandamientos descuartizados
por el cura Director
que olvidó domesticar
el reptil que lleva dentro
y
nos obligaba fidelidad a las tinieblas.
Por eso el grito desnudo
¡UNIVERSIDAD PARA SAN MARTÍN!
Por eso invadimos el silencio
del coco y la palmera
retorciendo sus
pálidas avenidas
con nuestros pasos
encendidos.
Por eso fuimos desterrados
como palomas agresoras
con las alas desangradas.
Por eso vengo ahora
en
el
pecuezo
de
mis
versos
levantando tormenta de cenizas
rescatando la memoria del olvido.
Quizá tu no te acuerdas
que la universidad de hoy
es nuestro sudor de ayer.
La década del 70
estudiantes normalistas
y secundarios
dejamos su aroma
en las calles, en las cárceles
y en nuestra expulsión estudiantil
Edwin, Lionel, Henry, René y Carlos
Junto a los secundarios Magán y Ney.
Existe bajo el sol tarapotino, sus cocos y palmeras,
el registro de los años setenta: El nacimiento de
espigas vigorosas juveniles y del gran grito
¡UNIVERSIDAD PARA SAN MARTÍN!
Quizá tú, ya no te acuerdas.
FUEGO MISTERIOSO
Un fuego misterioso
debió sentir
el pueblo tarapotino
la década tierna y bulliciosa del setenta
cuando su única
Escuela Normal
“Virgen Dolorosa”
se movilizaba gritando ¡Universidad para San Martín!
Éramos un racimo pletórico
de jóvenes de diferentes sitios
sintetizados en
Edwin Rojas de Rioja
Henry Díaz de Tarapoto
René Rengifo de Yurimaguas
Carlos Villacorta de Moyabamba y
Lionel Bardales de la Banda de Shilcayo.
Sin embargo
Éramos nada sin el cálido
amor de nuestros compañeros y compañeras
y el inmenso amor de nuestro pueblo
únicas voluntades poderosas
que rompen
la oscuridad
desparramando
mucho valor
sembradora
de primaveras.
FIBRA DE FUEGO
Puedo amar la dulce
agitación de los ríos caudalosos y concientes
al remecer el mar de indiferencias.
Puedo amar la dilatada
movilización de los transparentes enojos.
Puedo amar el inmenso
y esclarecedor remolino de ideas.
Pero, puedo odiar aún más
el maniqueísmo rencoroso
de agitaciones paralelas y
de imposiciones dogmáticas.
Puedo odiar aún más
a los críticos carniceros falaces
que atacan los destellos personales.
Puedo odiar aún más
a los melodiosos paladines
de los “acuerdos” nebulosos
como filipillos floridos
para ser acogidos
por los destripadores.
Amar y odiar
es una disputa serena y dialéctica
de los que piensan sin penumbras
Odiar el café amargo,
de frío rencor
disfrazado de crítica.
Amar el café amargo,
cálido y transparente
contradicción infinita
que despierta y desarrolla
Ahí están mis amares.
Ahí quedo yo: Fibra de Fuego.
En medio del río popular
sin lodo y maleza.
Sin canoas con proa retorcida
por una paz personal
dirección engañosa
de guitarra adormecida
en cuatro paredes.
Ahí quedamos todos
amando y odiando
para amar definitivamente.
LIBERTAD
La libertad es siempre
un ruido maravilloso
que el silencio calla
como a la verdad.
Y
Porque creo en la armonía que forja el viento,
Amo la libertad, la verdad
y la justicia agitándose.
Amo mi último
glóbulo
blanco
defendiendo
mi anatomía
derretida
en la
aurora
pura
de la
Nueva
Sociedad.