sábado, 29 de marzo de 2014

♠ JUAN BONILLA: INTERESANTE ENTREVISTA, HABLA DE TODO



A este gran escritor le conocí en el Centro Cultural de España, cuando dictó el curso "Cómo sacar un personaje de la manga" . Excelente.

La obra de Juan Bonilla es tan variada que no permite adjudicarle una etiqueta como escritor. Ha publicado todo tipo de historias y en los más diversos tonos y, en casi todos los casos, bordea una genialidad elaborada con imaginación y con oficio. Un sujeto de inteligencia afilada –y muy discreto- que está construyendo una de las obras literarias más singulares y completas de la narrativa española contemporánea porque sus textos estimulan la lectura, propagan la belleza y nos hacen reflexionar y divertirnos a la vez. Bonilla sigue conservando la curiosidad que le llevó hasta el periodismo antes de convertirse en escritor total. O simplemente en escritor. Es, además, un “enfermo de coleccionismo de libros”. ¿Cómo no admirar a Juan Bonilla?


Resulta difícil concretar qué género literario predomina en el conjunto de su obra, compuesta por poemas, novelas, relatos, artículos de opinión…

Si es cuestión de predominio, es decir, una cuestión numérica, parece claro que los artículos, de opinión o crítica o intervención, se llevan la palma, tanto en número de piezas como en cantidad de páginas. Así que supongo que lo mejor será que no sea una cuestión de predominio. Siempre me ha resultado muy extraño que extrañe tanto que un escritor se dedique a todos los géneros a su alcance, o sea, que se dedique a escribir.

Desde su primer conjunto de relatos, El que apaga la luz (1994), las solapas de sus libros sólo dan cuenta de su obra literaria y nada dicen de su vida. ¿Por qué este interés extremo por mantener oculta su vida privada?

No obedece a ninguna intención predeterminada, ni ganas de ocultar nada. Es sencillamente que, cuando me pongo a redactar esas notas de solapa, no me parece que tenga sentido decir si tienes hijos o eres doctor en algo. Con unos cuantos títulos tuyos que den pistas al lector por si le apetece asomarse a alguno de ellos, creo que es bastante.

¿Cómo vive entonces esta exigencia cada vez más acuciante de sacar al escritor de su reducto íntimo y exponerlo como objeto de consumo?

A veces con ganas de juerga y otras como si no fuera conmigo. Hace poco el dueño de la librería Proteo pidió a unos cuantos escritores que posaran una hora en los escaparates de su librería bajo un cartel de SE VENDE. Mis amigos Garriga Vela y Pablo Aranda dijeron que no, y yo les convencí de que le echáramos una mano a un librero, que vale, lo de SE VENDE era un poco excesivo, pero podíamos cambiar el cartelito. Yo pedí ES MEJOR PEDIR QUE ROBAR. Bueno, pues nada, me uní a la fiesta encantado, nada de reducto íntimo ni tonterías. A veces te apetecen estos espectáculos banales y otras no, para nada, depende de dónde estés y con quién tengas que posar. No creo que exponerse mucho haga mejor ni peor escritor a nadie, como vivir en una guarida no te convierte en Salinger, como ser un borracho no te convierte en Bukowski.

Hace pocos meses reseñé su novela Prohibido entrar sin pantalones y escribí que “Bonilla es uno de los literatos que escriben para estimular la lectura, propagar la belleza y hacernos reflexionar”. ¿Me equivoqué al escribir ésto?

Creo que todos los escritores tratan de estimular la lectura, aunque sólo sea la lectura de su propia obra, porque la lectura vive fundamentalmente de estímulos, por difíciles o áridos que sean algunos estímulos. Y todos los libros conducen de una manera u otra a otros libros, lo cual no dice nada bueno ni malo de ellos. No hay libro autosuficiente: para leer cualquiera de ellos, desde La Biblia a la poesía de Gamoneda, hacen falta otros libros. En cuanto a la belleza y la reflexión, son conceptos muy lábiles.

Algunos temas recurrentes en su obra son la identidad, la intimidad, el insomnio, la enfermedad o los viajes. ¿Cree que hay temas más apropiados para la poesía que para la prosa?

Hay temas que en su esencia tienen un componente de narratividad que otros no. Pero es la vieja disputa entre épica y lírica, más que entre poesía y prosa, porque entre otras cosas, en la prosa puede haber mucha poesía. Así que sí, claro, para todo lo referente a intimidad, temores del uno mismo, soledad, parece que la lírica ofrece mejores herramientas. Ahora, si necesitas desarrollar la peripecia épica de alguien involucrado en negocios turbios que alcanza el poder y luego lo pierde, pues obviamente parece que la prosa ofrece mejores herramientas. De todas maneras estoy en contra de las reglas, las etiquetas y los a prioris. Me parece que no sirven de nada.

Se ha confesado en alguna entrevista como un nihilista. ¿Ha perdido también la fe en la razón, si es que alguna vez la tuvo?

Nihilista activo, que conste. No nihilista a la manera de los rusos que tiraban el rifle y se tumbaban en el suelo y decían, bah, para qué, si no hay Dios y el Zar está que da vergüenza verlo. Lo que yo digo es que lo que hay es suficiente, es suficientemente hermoso, es suficientemente enigmático, es suficientemente terrible, es suficientemente suficiente como para no buscarle una explicación espiritual o trascendental. Ya hay suficiente trascendencia en la intrascendencia por acogerme a Pessoa. Ahora, la razón no tiene nada que ver con eso, no soy tan pomposo de pensar que yo llevo razón en mi apuesta: es sólo una manera de estar, un manojo de sensaciones. En la razón hay que confiar hasta donde nos deje la razón, porque el sueño de la razón produce monstruos, que es una frase a la que siempre se le da la vuelta para malinterpretarla. Lo que dice el grabado de Goya es que el sueño (es decir, el hecho de quedarse dormido) de la razón es lo que produce monstruos, que si la razón no vigila, vienen los monstruos. Claro que la razón llevada a su exacerbación, perdida su humanidad, también puede ser monstruosa.


¿Por qué dice que solo ha publicado un solo libro de cuentos?

Lo decía antes de Tanta gente sola, porque me limitaba a ir reuniendo los relatos que hubiera escrito cuando tocaba reunirlos en volumen, y en esencia eran un mismo libro dividido en cuatro volúmenes. Tanta gente sola tiene unidad. Una manada de ñus, también.

¿Piensa que el género del cuento está ganando adeptos?

Parece que está ganando cuentistas, eso es innegable. Y lectores también debe estar ganando, si no, no podría explicar que Tanta gente sola haya sido publicada en edición de bolsillo y se haya reimpreso.

¿Cuándo empezó a escribir poesía? ¿Y a leerla? ¿Quiénes eran entonces sus autores preferidos? ¿Y quiénes son ahora?

En la adolescencia, tanto a escribirla como a leerla. Se diría que la poesía es de esos géneros que necesita poetas tanto detrás como delante del poema, que el poema que nos gusta, aunque lo haya escrito otro, nos convierte en poetas y nos exige que lo intentemos. Por lo menos, eso me pasó a mí en la adolescencia. Me gustaba Pessoa, el que más me gustaba. Me sigue gustando mucho, pero también Gottfried Benn y T.S. Eliot y otros muchos, no acabaría nunca de nombrarlos.

Ha traducido a Housman y a T.S. Eliot. ¿Cómo afronta la traducción de un poema, busca ser fiel o una versión más libre? ¿Cree que es preferible ser poeta para traducir poesía?

En ambos casos el aspecto formal del poema era muy importante. Housman escribía o canciones o epigramas, y siempre con rima, lo que dificultaba la traducción literal. En el caso de Eliot fue un juego, porque es un libro para niños sobre gatos donde la rima es indispensable. Creo que hay que ser poeta para traducir poesía, incluso aunque el traductor no escriba poemas, si traduce poesía y la traduce bien y el resultado son buenos poemas, el traductor es poeta.

De las cinco novelas que ha escrito, ¿con cuál de ellas se queda?

¿Es necesario elegir? ¿Serviría para algo? ¿Ganaría un premio por elegir?

(…)

Le tengo mucho cariño a la primera, Yo soy, yo eres, yo es… Creo que la mejor es Prohibido entrar sin pantalones.

Su novela Nadie conoce a nadie fue llevada al cine por Mateo Gil en 1999. ¿Le gustaría ser guionista de tus propias adaptaciones cinematográficas? ¿Cuál de entre sus otras novelas o relatos le gustaría ver en un futuro en la gran pantalla?

No, no me gustaría ser guionista, me propusieron hacerlo con Nadie conoce a nadie y no sirvo. De las demás, no sé, la verdad.
¿Podría describirnos un día cualquiera en su vida?

Me levanto cuando me despierto, porque antes es difícil ya que no soy sonámbulo. Café, correo, cigarrillo, ducha, trabajo, descanso, cocina, etcétera. Una vida apasionante, como todas.

¿Su vida es como la imaginó?

Nunca se me ocurrió imaginarme cómo sería mi vida. El trabajo de vivirla me impide agotarme en imaginaciones.

¿Cuáles son las cualidades que más aprecia en la gente, en sus amigos?

Me haces preguntas que no me hago nunca y que no me apetece hacerme. No lo sé, repaso a mis amigos y no hay nada que los uniforme, son amigos míos por causas distintas, por casualidades, por el cariño. No hay, otra vez, una ley o una regla que sea de oro. En unos aprecio la valentía, en otros la fidelidad a sí mismos, en otros la infidelidad a quienes fueron, es que depende…

¿Con qué odia perder el tiempo?

Con todo aquello que me suponga un esfuerzo enorme y se podría haber hecho con la mitad de esfuerzo y el mismo coste. Con las cosas de las que se sale rebotado, con rencor, con mal rollo.

¿Alguna recomendación para los jóvenes o los noveles que están intentando abrirse camino en el mundo literario?

Que lean todo lo que puedan.

Sus editoriales favoritas son…

¿De ahora? Pre-textos y Zut Ediciones. ¿De todos los tiempos? Me encantan los libros que hacían en los años 30 en Faber & Faber. También los libros de la editorial Signo que cuidaba Juan Ramón Jiménez.

¿A qué le tiene miedo Juan Bonilla?

Al miedo.

Una razón para leerlo, señor Bonilla.

No se me ocurre ninguna que no suene a eslogan barato, así que pasopalabra.

Saramago afirmaba que escribir es un trabajo, que el escritor no es un ser extraordinario que espera las hadas. ¿Está de acuerdo?

Es una obviedad, ¿alguien ha creído alguna vez de veras que el escritor es alguien que espera a las hadas?

Cuando escribe, ¿qué busca?

Que las palabras sepan decir lo que quisiera que quedara dicho.

¿Piensa en un lector determinado al crear?

Sí, en el chaval que yo era cuando devoraba libros a los 20 años.

¿Tiene alguna superstición a la hora de escribir?

Asegurarme de que el ordenador está encendido.

Para escribir no puede faltarle…

Oxígeno.

¿Es disciplinado para escribir o espera a que llegue la inspiración? ¿Dónde escribe? ¿Cuándo? ¿Tiene manías, horarios o un lugar especial?

Ninguna disciplina. Escribo donde puedo, la mayor parte de las veces aquí mismo, en casa, en mi sitio, pero también puedo en otros lugares. No tengo horarios, ni manías ni nada de eso.

¿Corrige mucho? ¿Es muy perfeccionista?

Corrijo mucho, sí, no sé si eso es ser perfeccionista o sólo que mis primeras versiones son un horror.

¿Qué sería de su vida si no pudiera escribir?

Me resulta difícil imaginarla, así que preferiría no hacerlo.

¿Recuerda cuándo fue la primera vez que se sintió escritor?

Perfectamente. Me tallaban para la mili. Me declaré insumiso. Era estudiante y podía pedir prórroga y esperar, pero no, decidí declararme insumiso enseguida. Me preguntaron a qué me dedicaba, y aunque aún no había escrito más que unos poemas y unos artículos, dije: soy escritor. El tipo me miró con desprecio, “¿escritor? ¿Escritor de qué?” “Escritor, repetí”. Cogió mi cartilla militar, iba a tachar la cubierta donde estaba mi nombre, pero en vez de tacharla con el boli que tenía le pidió a un compañero un rotulador rosa. “Pásame el rotulador rosa, que aquí hay una maricona que no quiere hacerse hombre”, dijo. Y tachó mi nombre en la cubierta de la cartilla militar. “Recibirás noticias, escritor”, me dijo el tipo, y a la cárcel de cabeza.

¿A quién le deja leer sus manuscritos antes de ser editados?

A mi mujer, a un par de amigos, a mis editores.

¿Cuáles son sus afinidades literarias?

No entiendo bien la pregunta. Tengo afinidades con infinidad de autores. Si respondo como lector, sería inacabable hacer el listado, porque tengo muy buen estómago y me gustan cosas muy distintas.

¿Hay algún estereotipo de escritor en el que odiaría caer?

Si tuviera veinte años tendría respuesta para esta pregunta, pero ahora, cerca de los cincuenta, sé que ya no voy a caer en esos estereotipos odiosos. Por ejemplo el del escritor muy premiado que habla pestes de los premios y dice que es un perseguido a pesar de que todos los veranos las universidades se disputan su presencia.

¿Necesita silencio para escribir o le gusta escuchar música?

Silencio, voces de vecinas en la calle, un coche que pasa, la música del día a día.

¿Cómo se clasificaría como escritor?

Es una pregunta para otros. Nada que declarar.

¿Cómo podemos adquirir herramientas para saber mirar?

El aprendizaje es lento, y la aventura debe ser personal, por eso es tan extraordinaria.

¿Por qué leer?

Cambia el verbo por cualquier otro, y la respuesta es la misma. ¿Por qué follar? ¿Por qué viajar? ¿Por qué cantar en la ducha? Pues porque nos hace mucho bien, porque nos hace sentir menos solos, porque llenamos de cosas esa despensa que se llama experiencia.

¿Leer es vivir?

Todo es vivir. Esa distinción que se suele hacer entre la literatura y la vida es una tontería. ¿Por qué nadie diferencia el fútbol de la vida? Pues porque el fútbol pertenece a la vida. Sería estúpido que cuando estás jugando al fútbol te dijeran: no estás viviendo. ¿Qué es vivir, entonces? Pues jugar al fútbol, leer, ir a trabajar, un montón de verbos, casi todos los verbos, menos morir, supongo. Así que claro que es vivir.

¿Qué tipo de lector es?

Paciente y constante, pero muy variado. Hagamos la prueba: qué libros estoy leyendo ahora: Diario de otoño de Pániker, que me quedan 15 páginas, una novela negra de Denis Johnson que he empezado esta mañana en el desayuno, Doctor sueño de Stephen King, las Memorias líquidas de Enric González. De poesía, Los eidos de Novoeyra.

¿Qué ha aprendido de sí mismo leyendo que no hubiera podido aprender solo?

No hubiera podido aprender de ninguna de las maneras cómo el arte, al querer conquistar la vida, necesitó de la política para fabricar la monstruosidad del fascismo y para dotar de efervescencia intelectual al comunismo. Es sólo un ejemplo. No hubiera podido aprender solo, sin leer, cómo fue la conquista de América. Tantas y tantas cosas.

¿Cuál es su sitio preferido para leer?

Una silla que tengo en el jardín, al lado del naranjo.

¿Quién le enseñó a leer?

Don José Campos, mi profesor de EGB.

¿Cuáles fueron sus primeras lecturas?

Periódicos deportivos, que era lo que entraba en mi casa. Había también unos cuantos libros del círculo de lectores y una enciclopedia, la enciclopedia Labor.

¿Qué libros le han emocionado en su vida?

Son tantos que no puedo listarlos.

¿Cuáles son sus autores preferidos?

Nabokov, Scott Fitzgerald, John Cheever, Tobias Wolf, Raymond Carver, Borges, Cernuda, Pessoa, Manuel Machado, Juan Ramón Jiménez, Ramón Gómez de la Serna, Alberto Hidalgo.

¿Qué título reciente le ha dejado sin aliento?

22/11/63 de Stephen King. Es la mejor novela sobre viajes en el tiempo que he leído nunca.

¿Un libro que relea con frecuencia?

Los aforismos de Karl Krauss.

¿Cuántas horas diarias dedica a la lectura?

Depende. Unos días muchas y otros días pocas, depende del trabajo. Pero suelen ser muchas porque, de las cosas que no te exigen un esfuerzo físico, es la que más me gusta.

¿Cuáles son las claves de un buen lector?

No tengo idea.

¿Hay algo mejor que hacer que leer?

Pero ¿es necesario elegir? No creo que sea necesario, no creo que leer entre en disputa con otras actividades placenteras o profundas o divertidas o maravillosas. En cualquier caso tendríamos que ser concretos, porque entre ver en el bar un Real Madrid-Barcelona y leer las memorias de Belén Esteban, prefiero lo primero, aunque lo segundo sea leer.

La lectura, ¿va a menos?

¿A menos que cuándo? No nos engañemos, en este país nunca se leyó mucho, y el hecho de que se haga mucho ruido con libros llenos de memeces, no significa nada. Parece que sí, va a menos, si nos dejamos llevar por el hecho de que en 1982 yo leí El árbol de la ciencia porque estaba en el programa de 2º de BUP, y hoy ese libro sólo se lee en último curso de Filología. Pero luego, mire las librerías, están hasta los topes de libros, y muchos de esos libros son excepcionales, así que alguien tiene que leerlos, no, alguien tiene que darles vida.

¿Qué es el libro para usted?

Muchas cosas, desde cofre del tesoro a compañero de viajes a ataúd donde está encerrado el cadáver de alguien. Muchas cosas. Una caja fuerte a veces cuya combinación no sé, una cabina que me conecta con una voz del pasado. Muchas cosas.

Como editor [es el responsable de la editorial Zut], ¿qué piensa de la invasión masiva de publicaciones? ¿Los muchos libros matarán al libro?

Es una posibilidad, un riesgo que hay que correr. La producción de libros se ha abaratado lo que permite la posibilidad de que se editen muchas cosas y sean muchos los que la editan. Pero merece la pena correr ese riesgo, porque la otra cara de la moneda -los pocos libros- eso sí que sería la muerte segura.

¿Cuál es su relación ahora con los libros?

Pertenecen a mi cotidianeidad, están por todas partes, los sigo comprando, los sigo buscando. Es una relación plena, por decirlo así.

¿Cómo los cuida?

Poniéndolos en su sitio cuando los saco. Poco más.

¿Los presta?

No.

¿Hay algún olor que relacione con los libros?

Claro, el olor a libros. Me gustaba mucho cómo olía la librería Renacimiento en la calle Mateos Gago de Sevilla. Otras librerías de viejo, que huelen como a exceso de detergente, me gustan menos. Mi ejemplar del primer libro de Pedro Salinas huele a naranjas, perteneció a Américo Castro, lo compré en Estados Unidos y no sé por qué huele a naranjas, pero huele a naranjas.

¿Dónde suele compra los libros?

Ahora por internet, en iberlibro o uniliber o todocolección casi siempre.

Las librerías de viejo son para usted…

Una forma como otra cualquiera del paraíso perdido.

¿Cuándo fue la última vez que pensó que se había gastado demasiado dinero en un libro?

Hace una semana, que me salió al paso un libro de la vanguardia peruana y piqué, pero seguro que se me pasa. En cuanto pasen unos años estaré muy contento de haber picado.

¿Cuántos libros suele comprar en un año?

No podría hacer el cálculo. También recibo muchos.

¿Alguna manía u obsesión con los libros?

Las cubiertas. Si los compro, tienen que tener la cubierta y la sobrecubierta en caso de que se editara con ella. Odio los libros encuadernados.

Usted recibe novedades editoriales. ¿Qué hace con los ejemplares que no le interesan?

Se las cambio a un librero de viejo por algo que tenga él y me interese.

¿Alguna mitomanía?

Tengo un ejemplar firmado por Salinger, así que las mitomanías quedaron atrás.

¿Posee ex libris?

No.

¿Están sus libros limpios de notas y subrayados o los marca de alguna de manera?

Nunca los subrayo ni los ensucio con notas ni los marco.

¿Qué opina de ese fenómeno comercial que es la Feria del Libro?

Que debería ser como la Feria del Libro de Moyano: perpetua. Así dejaría de ser comercial, se constituiría en costumbre.

¿Tiene libro electrónico?

No.

¿Qué opinión tiene sobre el libro electrónico?

Ninguna.

¿Cómo luchar contra la copia ilegal de libros electrónicos?

Me temo que es una batalla perdida, desde el mismo momento en que la reproducción de archivos es cosa tan fácil, tan facilitada por la tecnología. Tendría que erigirse una conciencia de responsabilidad que ya no va a erigirse de ninguna de las maneras. Así que deben buscarse otras alternativas porque copias ilegales va a haber igual dado que los piratas están orgullosísimos de su oficio.

¿Cuál es el futuro del libro?

Su único futuro es su pasado: proliferarán las librerías de viejo.

Decía Marguerite Yourcenar que una de las mejores maneras de conocer a alguien es ver sus libros. ¿Hay muchos libros en su biblioteca?

Sí, hay muchos.

¿Cuál es el número idóneo de libros para su biblioteca?

No lo sé, ateniéndonos al espacio que ocupan y el espacio del que dispongo, diría que la mitad de los que tengo.

¿Qué género predomina en la suya?

Por volumen la narrativa; por número de ejemplares, la poesía. Debo tener tres veces más libros de poemas que novelas y libros de relatos, pero ocupan menos al ser tan delgaditos.

¿Cómo la clasifica?

Por puro azar. Mi biblioteca parece una librería de viejo. Lo ideal sería clasificarlo por orden alfabético y sin distinción de géneros, pero ya me he acostumbrado a su desorden.

¿Alguna peculiaridad?

Los fotolibros. Tengo muchos. Me gustan mucho los fotolibros.

¿Cómo debe formarse una biblioteca?

De la manera más natural posible. Primero sólo los libros que leas. Luego libros que aunque no leas sientas que algún día leerás o te servirán de ayuda.

¿Dónde ha conseguido los libros más curiosos de su biblioteca?

Algunos en internet, otros en librerías del otro lado del Atlántico. Cuando viví en Roma compré muchos libros en el rastro de Porta Portesse, algunos de Huidobro, otros de Luis Rosales. En Buenos Aires compré Descripción del cielo de Alberto Hidalgo, que es seguramente el libro más hermoso que produjo la vanguardia latinoamericana. Cada poema es un cartel. En Miami, Cinco metros de poemas de Oquendo de Amat, otro libro mítico.

Es un reconocido bibliófilo. ¿Cómo va su biblioteca invisible?

Crece más que la visible, porque aunque sigo cumpliendo años, no se me fatiga la curiosidad, y finalmente ocupan tan poco sitio los libros que te gustaría tener y no tienes, que la sigo ampliando.

¿Cómo describiría su biblioteca ideal?

Como la mujer ideal o el hombre ideal o el país ideal o el ideal ideal: inexistente, una fantasmagoría, mejor ni pensarlo. En cualquier caso, si no hay cerca naranjos o un balcón que pueda abrirse para que entre el ruido del mundo, no es buena biblioteca.

¿Cuál es el libro más raro de su colección?

Seguramente The Piazza Tales de Melville, que es el volumen donde se publica por primera vez Bartleby the Scribner.

¿Y el más caro?

Supongo que Nine Stories firmado por Salinger.

¿Sólo tiene libros en las baldas o también acumula otro tipo de objetos?

Máquinas de fotos, tengo unas cuantas y ahí están, en las baldas.

¿Qué libros tiene en la mesa de noche de su dormitorio?

Nunca leo en la cama.

¿Hace expurgos con frecuencia?

Un par de veces al año.

¿Contiene libros en otros idiomas?

Sí, claro, incluso en idiomas que no entiendo. Tengo algunos libros de vanguardia checa y polaca, por las cubiertas maravillosas, uno de Maiakovski en ruso, alguno en japonés.

¿Qué biblioteca ha visitado y le ha fascinado?

Unas cuantas. La de Andrés Trapiello, la de Juan Manuel Bonet, la de Abelardo Linares. Esta última fue la primera gran biblioteca que vi, cuando yo apenas tenía un centenar de libros. De repente allí, en su piso de la Avenida de Cádiz, parecía que estaba toda la poesía española del siglo XX. Impresionante.

¿Y librería?

La de Eliseo Torres en Nueva York, en cuanto al volumen de libros: un edificio entero en el Bronx. En cuanto a su originalidad, una librería/burdel en Quito, y otra librería/peluquería de señoras en San José de Costa Rica. La Strand de Nueva York también entraría en la puja.

¿Qué biblioteca le gustaría visitar?

Cualquiera en la que los volúmenes no sean tan pomposos e impresionantes, y estén guardados en vitrinas con llaves, que impidan el verdadero placer de visitar una biblioteca: la conversación.



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Juan Bonilla (Jerez de la Frontera, Cádiz, 1966) es autor de los poemarios Partes de guerra (Pre-Textos, 1994), Multiplícate por cero (Hiperión, 1996), El Belvedere (Pre-Textos, 2002), Buzón vacío (Pre-Textos, 2006), Defensa personal. Antología poética 1992-2006 (Renacimiento, 2009) y Cháchara (Renacimiento, 2010); de las novelas Nadie conoce a nadie (Ediciones B, 1996), Cansados de estar muertos (Espasa, 1998), Yo soy, yo eres, yo es (Planeta, 1998), Los príncipes nubios (Seix Barral, 2003) y Prohibido entrar sin pantalones (Seix Barral, 2013); los libros de cuentos El que apaga la luz (Pre-Textos, 1994), La compañía de los solitarios (Pre-Textos, 1999), La noche del Skylab (Espasa, 2000), El Estadio de Mármol (Seix Barral, 2005), Je me souviens (Algaida, 2005), Basado en hechos reales (Berenice, 2006), Tanta gente sola (Seix Barral, 2009) y Una manada de ñus (Pre-Textos, 2013); y los ensayos El arte del yo-yo (Pre-Textos, 1991), La holandesa errante (Nobel, 1992), Academia Zaratustra (Plaza & Janés, 1993), Teatro de variedades (Renacimiento, 2002), La Costa del Sol en la era pop (Fundación José Manuel Lara, 2007), El tiempo es un sueño pop: vida y obra de Terenci Moix (RBA Libros, 2012) y Catálogo de libros excesivos, raros o peligrosos que ha dado a la imprenta Juan Bonilla (Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla, 2012). Ha traducido a Housman y T. S. Eliot. Su obra ha sido traducida a diversos idiomas, colabora en prensa de forma habitual y es director literario de Zut Ediciones.

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