jueves, 21 de noviembre de 2013

♠ CUENTOS DE ANTÓN CHEJOV, LEER ONLINE


Después de las nueve de una oscura noche de setiembre, en casa del doctor Kirilov, médico del zemstvo fallecía de difteria su único hijo, Andrés, de seis años de edad. Cuando la esposa del médico se arrodilló ante la camita del niño muerto y se sintió invadida por el primer ataque de desesperación, en el [ leer más ]

I A tres kilómetros de la aldea de Obruchanovo se construía un puente sobre el río. Desde la aldea, situada en lo más eminente de la ribera alta, divisábanse las obras. En los días de invierno, el aspecto del fino armazón metálico del puente y del andamiaje, albos de nieve, era casi fantástico. A veces, [ leer más ]

De pie, en el centro de la cocina, el dvornik Filipp moralizaba. Sus oyentes eran los lacayos, el cochero, dos doncellas, el cocinero, la cocinera y dos pinches, sus hijos. Todas las mañanas moralizaba sobre algo, siendo en aquella el tema de su discurso la instrucción. —¡Todos vosotros —decía, sosteniendo con las manos un gorro [ leer más ]

—Una señora pregunta por usted, Pavel Vasilich! —dijo el criado—. Hace una hora que espera. Pavel Vasilich acababa de almorzar. Hizo una mueca de desagrado, y contestó: —¡Al diablo! ¡Dile a esa señora que estoy ocupado! —Esta es la quinta vez que viene. Asegura que es para un asunto de gran importancia. Está casi llorando. [ leer más ]

Ante el juez está un mujik pequeño y extremadamente escuálido, vestido con una camisa de abigarradas colores y con unos calzones remendados. Su rostro velludo, comido de picaduras, y sus ojos apenas visibles bajo las espesas y colgantes cejas, tienen una expresión de gravedad taciturna. Sobre la cabeza lleva todo un gorro de pelo enmarañado [ leer más ]

En casa de Gradussoff, sochantre de la catedral, se encontraba el abogado Kaliakin que, dando vueltas entre los dedos a un aviso del juez de paz a nombre de Gradussoff, decía: “Diga usted lo que diga, Dosifey Petrovich, usted es el que tiene la culpa.” “Yo le respeto y le aprecio, pero con todo el [ leer más ]

El diez de mayo tomé una licencia por veintiocho días, le pedí a nuestro tesorero cien rublos de adelanto y decidí, fuera como fuera, “vivir un poco”, vivir un poco a todo trapo, de modo que después, en el transcurso de diez años, pudiera vivir sólo de los recuerdos. ¿Y saben ustedes qué significa “vivir [ leer más ]

El salón del consejero áulico Charamúkin se halla envuelto en discreta penumbra. El gran quinqué de bronce con su pantalla verde imprime un tono simpático al mobiliario, a las paredes; y en la chimenea, los tizones chisporrotean, lanzando destellos intermitentes que alumbran la estancia con una claridad más viva. Frente a la chimenea, en una [ leer más ]

En cierta ocasión, cuando era más joven y hermosa y tenía mejor voz, se encontraba en la planta baja de su casa de campo con Nikolai Petróvich Kolpakov, su amante. Hacía un calor insufrible, no se podía respirar. Kolpakov acababa de comer, había tomado una botella de mal vino del Rin y se sentía de [ leer más ]

Hace días pasé a ver a mi amigo, el periodista Misha Kovrov. Estaba sentado en su diván, se limpiaba las uñas y tomaba té. Me ofreció un vaso. —Yo sin pan no tomo —dije—. ¡Vamos por el pan! —¡Por nada! A un enemigo, dígnate, lo convido con pan, pero a un amigo nunca. —Es extraño… [ leer más ]

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