lunes, 6 de mayo de 2013

ARTHUR RIMBAUD y su Temporada en el infierno


El bárbaro Rimbaud

Era pequeño, de pelo castaño, con aire siempre remoto. Tenía unos ojos azules, iluminados.  Su padre recibió la Legión de Honor por su lucha como capitán del ejército francés, en Argel. Su madre era una mujer estricta, como ocurre con frecuencia en una familia como la de ella, llena de alcohólicos y bohemios.

Las historias de su infancia recuerdan que siempre rechazaba vestirse y prefería estar sucio y desnudo, jugando con desperdicios. Cuando tenía seis años, vio partir para siempre de la casa a su padre,  harto de la vida doméstica. Su madre, endurecida por la experiencia de estar sola, se convirtió en una educadora religiosa, inaccesible, que imponía reglas inapelables mientras asumía con cierto amargo orgullo el título de “Viuda Rimbaud”.

La viuda impuso a sus hijos Federico y Arthur, el estudio obligatorio del latín. La señora Rimbaud obligaba a Arthur a memorizar interminables poemas en ese idioma. Si él no los repetía fielmente, su castigo era no comer. Hasta que Arthur cumplió los dieciséis años lo fue a recoger al colegio.

Católico ardiente, por entonces su principal lectura era la Biblia. Pronto se interesó en los cuentos de hadas y las historias de aventuras. Cuando empezó a descollar en el colegio, su madre contrató a un tutor, el padre Lhéritier. Gracias a él, Arthur conoce muchos poemas y empieza a escribir los suyos propios. Su camino estaba definido. Por esa época  se deja crecer el pelo, toma y escribe textos escatológicos. Luego conoce a su mentor, Izambard, y escribe su primer gran texto, “Ofelia”.

A los diecisiete años ocurre un hecho fundamental en su vida. Conoce al delicado, talentoso Verlaine, a quien Courbet acababa de retratar con un pequeño bigote. Cuando Rimbaud va a visitarlo, ve a su gran enemiga, la señora Matilde Verlaine, por entonces embarazada. El encuentro se convierte en un cataclismo de amor. Verlaine y Rimbaud caminan juntos por París, toman absenta y consumen hachís. Matilde les declara la guerra. Por fin se ven obligados a viajar a Londres.  Cuando se separan, Verlaine empieza a extrañarlo. El 8 de julio de 1873 le manda un mensaje pidiéndole volver a verse en el Hotel Liége de Bruselas.

El encuentro es terrible. Ambos se insultan y se atacan. El 10 de julio, Verlaine le dispara dos tiros a Rimbaud, hiriéndolo en la muñeca. Eventualmente, Verlaine sería condenado a  prisión y moriría pobre y abandonado. 

Luego de este incidente, Rimbaud termina de escribir su obra maestra, Temporada en el infierno. Desde el inicio el poema es una larga aventura verbal, que proclama una poética propia. Uno de los pasajes de esta aparece al comienzo: “Tuve a la belleza en mis rodillas y la encontré amarga y la injurié”.

Una nueva edición de Temporada en el infierno acaba de aparecer en el Perú, gracias a la biblioteca Abraham Valdelomar de Alberto Benavides. Es un tomo de la colección La Fuente Escondida que dirige Ricardo Silva Santisteban. La edición facsimilar y bilingüe contiene una reproducción de la portada de la primera edición, de 1873. La traducción, el prólogo y las notas son de Miluska Benavides. El placer es nuestro. (Por Alonso Cueto)


DELEÍTESE CON UNA TEMPORADA EN EL INFIERNO

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