lunes, 15 de agosto de 2011

♠ ROSINA VALCÁRCEL (Acaba de publicar "Naturaleza viva") Entrevista


La emblemática poeta Rosina Valcárcel acaba de publicar “Naturaleza viva”. La ocasión es propicia para conversar sobre su oficio, el ser mujer y la vida.
Por: Enrique Sánchez Hernani
Domingo 14 de Agosto del 2011
Está contenta con su nuevo libro. En un poema menciona que se cortaría las venas. “No es un lugar común es un terrible episodio de mi vida ocurrido hace dos años, una crisis emocional que me llevó a la clínica”, confiesa. “Naturaleza Viva”, publicado por Hipocampo Editores, la ha devuelto del infierno: “he vuelto renacida”, nos dice Rosina Valcárcel (Lima 1947), antropóloga, periodista, escritora y una de las voces más representativas de la generación del 70. Y de hecho, tras cinco años de silencio, su poética renace en este libro que –junto a otros cuatro títulos– recibió uno de los premios en la categoría de poesía breve.
¿Cuál es el eje de tu último libro, “Naturaleza viva”?
Tiene cuatro secciones. En una desarrollo amores platónicos, de sueños, de una transferencia afectiva, sin haber tenido un amor carnal. Pero también hay un poema donde le “jalo” la oreja a Diego Rivera, por enamorador, por haberse acostado con la hermana de Frida Khalo. Cuando estuve en México con mis padres, muy niña, lo conocí en su taller. Y también a Frida, en un mitin, sentada en su silla de ruedas; me impresionaron sus collares, su bozo, sus cejas.
¿“Naturaleza viva” es lo más lírico que has escrito?
Desde “Sendas del bosque” (1966) mi poesía siempre ha estado atravesada por el lirismo. No sé por qué, siendo socialista.
Sé que te visitan poetas jóvenes…
Quienes se comunican más conmigo son Alessandra Tenorio, Melissa Patiño y Vanesa Martínez. Les digo que están hablando mucho de la familia en su poesía, que hay que entrar a otros temas. Creo que hay una vuelta al individualismo. En los 70 estábamos por lo social y las poetas del 80 por la defensa del cuerpo. La familia no está mal, pero no habría que desdeñar lo demás.
¿Han cambiado las circunstancias en las que las mujeres escribían poesía en los setenta y en estos últimos años?
Mucho. En los ‘70 las posibilidades eran mínimas. Me acuerdo de Águeda Castañeda, Queti Belevan y Sonia Luz Carrillo, pero el acceso a la literatura lo tenían los varones. Mis amigos de “Piélago”, Julio Nelson, Juan Ojeda, Guillermo Chirinos Cúneo, Hildebrando Pérez, me prestaban los libros, en especial de los surrealistas que me marcaron. No nos marginaban, pero la sociedad no veía muy útil que las mujeres nos dedicásemos a la poesía. En el 2011, tenemos acceso a libros, a la Internet, a los congresos.
¿En esos años leías poesía de mujeres de otros países?
No, empiezo a leerlas a fines de los años ochenta. Andaba más en las clases de la universidad, con mi hija, con mi pareja, preocupada por la salud de mi padre, con la militancia humanista. A quien leía era a Lola Thorne y a Julia Ferrer. A Blanca Varela la leo recién en los ochenta, porque creía que era conservadora y cuando la descubro me digo: “qué mujer más grande”. Mucho después le hice una entrevista para la revista “La Casa de Cartón”.
¿Cómo fue esa conversación?
Me invitó un vasito de whisky para romper el miedo. Me salió la periodista y le dije que luego de la muerte de su hijo había perdido su sequedad. Pensé que me iba a botar, pero bajó la cabeza y me dijo que tenía razón. Me confesó que había tenido una premonición y que había visto morir a su hijo en sueños. Luego me dijo que había comenzado a aproximarse a las mujeres, a las poetas y a las anónimas. También que se sentía devastada por su separación con el pintor Fernando de Szyszlo. La admiro mucho, creo que debieron darle el Premio Nobel.
¿Qué poetas influyeron en tu obra?
En 1967, por un premio, viajé a la ciudad de Buenos Aires y compré un libro de Alejandra Pizarnik. Ella estaba aún viva, pero la leí años después. Mi formación era marxista y creo que fui sectaria. Literariamente, me reconozco deudora del surrealismo. A quienes admiraba era a otro tipo de mujeres: Simone de Beauvoir, Manuelita Sáenz, la de Simón Bolívar, Mata Hari, Cleopatra, Rosa Luxemburgo, Anais Nin, Isadora Duncan. Nunca iba con la moda del momento, no sé si por ciega o por terca.
¿Eso se trasladó a tu poesía?
A partir de mi libro “Una mujer canta en medio del caos” (1991), empiezo a romper el lenguaje e incorporar a mujeres como personajes: Lady Godiva, Rosa Alarco, Sibylla Arredondo, Violeta Parra. Me marcó mucho el libro “Mi vida”, de Isadora Duncan. Yo, como ella, buscaba el amor ideal, que tal vez no existe.

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