martes, 28 de septiembre de 2010

Vargas Llosa recordó intentos de censura de su novela La ciudad y los perros
  
Lima, set. 27 (ANDINA). El escritor Mario Vargas Llosa, recordó en México que la censura quería cortar muchas páginas de su novela, La ciudad y los perros, pero al final de esta dura lucha consiguió junto a su editor, Carlos Barral, que sólo le suprimieran ocho palabras que luego se restituirían en una segunda edición.

El pasado viernes, pese al intenso aguacero y tráfico del D.F, se llevó a cabo una concurrida sesión de Diálogos Literarios en la sala Nezahualcóyotl. El motivo era celebrar el doctorado honoris causa conferido por la Universidad Autónoma de México a los escritores José Emilio Pacheco y Mario Vargas Llosa. 

La sala, atiborrada de jóvenes universitarios, se llenó de flashes y ovaciones al aparecer en escena nuestro compatriota y Premio Cervantes. En su disertación, el narrador arequipeño reveló varias sabrosas anécdotas sobre su quehacer literario.

Pero al final de esta dura lucha, consiguió junto a su editor, Carlos Barral, que sólo le suprimieran ocho palabras que luego se restituirían en una segunda edición.

Mencionó que una de las frases que el censor había objetado mencionaba la ida al burdel de un capellán. El argumento del censor, calificado de muy divertido por el novelista, decía que siendo cierto que hay pastores que frecuentan esos lugares, el único sacerdote que aparece en la novela hace eso, y allí ya no es el personaje, sino la iglesia la que quedaba contaminada.
Vargas Llosa recordó con humor que la censura quería cortar muchas páginas de su primera novela, La ciudad y los perros, que ganaría después el Premio Biblioeteca Breve.  

“Yo propuse cambiar, tomándolo en chacota, prostíbulos por burdeles. Parecía menos peligroso que frecuentara los burdeles que los prostíbulos”, agregó con ironía el escritor.

Sobre el suceso de esa novela en España y en América Latina confiesa que no se planteó como un escritor de éxito. Recuerda que ya llevaba un año redactando La casa verde, y para él fue una gran sorpresa la difusión alcanzada. 

“En el Perú un escritor de éxito tendría mil lectores, eso era romper el cerco en el que se movían los escritores, que era un cerco de amigos, familiares y conocidos”.

También tuvo palabras para Lituma, uno de sus personajes más recurrentes. Al hablar de su génesis, quien aparece por primera vez, muy borroso, en el cuento “Los jefes”, para luego tomar un mayor protagonismo en La Casa Verde, confesó que “es una de esas obsesiones que no tienen explicación”.

Añade, además, que “con él me pasa lo que no me ha pasado con otros personajes. Cada vez que empiezo una novela, Lituma ahí aparece como ofreciéndose, como diciéndome yo no he sido lo bastante aprovechado por usted”. 

Recordó que por ejemplo en Lituma en los andes  le sirvió para que un forastero cuente la visión desesperanzada de lo que era el Perú en los tiempos de la guerra contra el terrorismo. Menciona que reaparecieron en Ayacucho supersticiones que se creían extinguidas, como los pishtacos.
 Por: Diego Lazarte

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