domingo, 19 de septiembre de 2010

♠ MIEDO AL RIDÍCULO Y CALLAR POESÍA

Poesía y el miedo al ridículo

Conozco gente que escribe muy buena poesía, no lo publica o no lo expone por temor a lo que la gente puede pensar de ellos. Así mucha gente deja de exponer buenas cosas por el temor a que los demás lo juzguen mal. Así como hay gente que escribe malazo e inclusive lee pésimo y sin embargo expone.
Este problema es muy generalizado: el temor de que se burlen de nosotros o nos tomen por tontos.
Dicen los especialistas psicólogos que este temor resulta infundado, ya que la mayoría de las veces sólo está en nuestra mente. Aquí unos consejos que difunde EFE
 Para el psicólogo clínico y experto en risoterapia José Elías, "es bueno recordar el comentario del escritor y ex presidente de la República Checa, Václav Havel, quien afirmó que “el que corre más riesgo de parecer ridículo es aquel que se toma demasiado en serio, lo cual no ocurre con quien es capaz de reírse de sí mismo".
"¡A veces nos tomamos la vida y a nosotros mismos demasiado en serio”, olvidando que no 'saldremos de ésta con vida'. Como bien dice la sabiduría popular hay que disfrutar la existencia porque 'son cuatro días y dos están nublados'. “La vida pasa volando, y nadie ni nada es imprescindible", señala el experto.
Según Elías, "el mundo sigue su curso. Todo pasa y se olvida rápidamente. La mayoría de la gente vive inmersa en su propio mundo, vida y preocupaciones, y sólo fugazmente se fija en los de los demás, retornado pronto a su propia realidad. Así que quién va a ocuparse y preocuparse por tus peripecias vitales".
"Además, haga uno lo que haga, diga lo que diga y piense lo que piense, siempre se encontrará gente a favor y en desacuerdo con dichas acciones, palabras y pensamientos", señala.
"Si se siente ridículo por alguna situación, plantéese esto: ¿tendrá alguna importancia esta situación dentro de cinco años?, ¿alguien la recordará?. Cuanta más importancia le da uno a un hecho, más beneplácito le concederán los demás", señala el psicólogo, que agrega: "Lo mejor después de caerse es levantarse con una sonrisa y compartirla con los demás. Nunca somos ridículos, simplemente nos sentimos ridículos".
"Lo verdaderamente ridículo, o en todo caso triste y lamentable, es vivir obsesionado por la opinión de los demás, o que nos preocupe más nuestra imagen o lo que piensan de nosotros, que lo que en realidad somos y sentimos. Hay que aprender a vivir con naturalidad y disfrutar", finaliza Elías. EFE.


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