martes, 10 de agosto de 2010

♠ ROSA MONTERO: de literarutura y el oficio de escribir

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Carlos Villacorta Valles

“Dedicarse a la ficción es una labor fabril que me enorgullece”


“Empecé en el periodismo escribiendo en Fotograma, una revista de cine”, nos dice Rosa Montero, la excelente escritora española que integra el jurado del Festival de Lima, el evento cinematográfico que se desarrolla en el CCPUCP y en Cineplanet. Allí se proyectan cintas que no puede perderse.
Autor: Gonzalo Pajares C. Perú 21.

“No es nada sorprendente que escriba desde los cinco años. La inmensa mayoría de los escritores empezamos a escribir de niños. Recuerdo que leí una entrevista a la Rowling, la de Harry Potter, quien decía que su primer libro lo escribió a los seis años y contaba la historia de un conejo que hablaba. Mis primeros cuentos los escribí a los cinco años y tenían como protagonistas a unas ratitas que hablaban”. Rosa Montero nos habla de sus inicios en la literatura.

CONSIDERA 'LITERATURA’ AL PERIODISMO…

Exacto. Para mí –y muchos otros– el periodismo es un género literario. ¿Que hay periódicos mal escritos? Pues también hay muchas novelas horribles (risas). Lo 'literario’ no garantiza la calidad. Hay buena y mala literatura. Con el tiempo he descubierto que, para ser un escritor de verdad, lo único que se requiere es una necesidad febril de escribir. Yo conozco gente que escribe muy bien pero que nunca termina escribiendo o haciendo una obra; ellos, a pesar de 'escribir bien’, no son escritores porque no necesitan escribir. Dedicarse a hacer ficción es un trabajo de obrero, fabril, que a mí me enorgullece. Es una cosa loquísima, una tarea durísima que implica años y años. Con el agregado de que uno escribe puras mentiras. Y, para meterse en esta locura, hay que tener la necesidad absoluta de hacerla. Te hace autor la necesidad de escribir para aguantar el vértigo de la vida, el vértigo de la muerte. Ahora, esto no te hace buen escritor. Hay escritores puros, de raza, pero malísimos. Uno escribe para vivir.

VARGAS LLOSA HABLA DE 'ESCRIBIDORES’ Y DE 'ESCRITORES’…

No. ¿Por qué ser pedante? ¿Por qué esa mirada pretenciosa del 'ARTISTA’? Escribir es un oficio, una manera de ser, de estar frente al mundo. Carpinteros son todos, los buenos y los malos. Igual pasa con los escritores.

SI DE NIÑA NO HUBIERA ESTADO POSTRADA TRES AÑOS EN CAMA, ¿IGUAL SERÍA ESCRITORA?

Seguro. Mi necesidad de escribir no viene de allí. Desde luego, haber estado enferma influyó en mi visión del mundo, porque lo que uno escribe es lo que es. Pero conozco gente que vivió situaciones como la mía y que se dedicó a oficios tan disímiles como ser director de un banco (risas). Hay que desacralizar al artista, pues lo que hacemos es una tarea común. El ser humano es muy paradójico: por un lado somos absolutamente iguales y, por el otro, absolutamente diferentes.

¿QUÉ CINE ERA EL QUE USTED VIO DE CHICA?

Gobernaba Franco –quien encabezaba una tiranía nacionalista y católica– y había una censura que, por ejemplo, no permitía ver pechos, piernas, relaciones pecaminosas. Hay una anécdota famosa: en Mogambo hay un adulterio que era visto como gravísimo por los franquistas. Bueno, los 'censores’ dijeron que esos personajes eran hermanos y transformó el adulterio en incesto, algo peor, ¿no? (risas).

¿CÓMO FORMÓ –CENSURA DE POR MEDIO– SU CRITERIO ESTÉTICO, CINEMATOGRÁFICO?

Cogí los últimos años del franquismo, lo que yo llamo 'la pre-muerte de Franco’, donde se ablandó mucho –pero igual siguió matando– y se hizo más grande la brecha entre el país real y el país oficial. Desde fuera, no teníamos derechos, pero yo me hice hippie, fumé porros, usé la píldora, y compré y leí los libros prohibidos. Y, con 18, 19, 20 años, uno cruzaba la frontera francesa y veía todo el cine del mundo.

¿VIVIÓ RÁPIDO?

Un poco, en la universidad. De ser una niña que no iba ni a bailes, pasé a la vida contracultural (risas). Me uní a un grupo de teatro independiente, Tábano, no tanto porque me gustase mucho el teatro, sino porque allí estaba la gente más moderna, que vivía en comunas… Me la pasaba genial.

¿POR QUÉ NO ESTUDIÓ LITERATURA?

¿Por qué debía hacerlo? La literatura la leía y la escribía, pero no me interesaba académicamente. Hay académicos estupendos; sin embargo, creo que lo que hacen es literatura muerta… Y yo prefiero la literatura viva (risas).

¿CÓMO LE VA EL NACIONALISMO?

Einstein decía que el nacionalismo es una enfermedad infantil del ser humano. Yo estoy de acuerdo con él. Soy española por mi pasaporte, por las convenciones políticas y geográficas, pero yo preferiría ser canadiense. Lo digo en serio: salvo las matanzas de focas, tiene lo mejor de dos mundos. Además, son la sociedad con mayor bienestar para sus ciudadanos.

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